Estaban ocho personas sentadas apiñándose en una esquina del bar, habían agrupado dos mesas y ocho sillas, estaban perjudicando el paso del camarero, a la vez que dificultaban el acceso a la puerta que da hacia el único baño del lugar. De pronto, por la puerta de entrada al local, apareció un casi cuarentón bien conservado, los amigos lo saludaron cariñosamente, lo invitaron a sentarse en la mesa, y él secuestró una silla que atrapó en el camino para reunirse con sus amigos, perturbando más aún el tránsito de los otros comensales.

"¿Qué tal hermano?, ¿dónde te has perdido?, hace tiempo que no aparecías por aquí". Ese fue el estilo de preguntas que le hacían mientras lo abrazaban y estrechaban la mano. El lucía muy feliz, parecía brillante y lleno de vida. Pero cuando se sentó y empezó a responder las preguntas que le hacían, su rostro se apagó como las luces de la ciudad a partir de las dos de la mañana. Comenzó balbuceando, y terminó casi aullando una historia, una cadena de acontecimientos que él mismo la resumió en esta frase:

- La muy puta se ha ido, me ha dejado solo, sin avisarme, sin prepararme. Me ha engañado, me ha abandonado y me ha dejado los tres niños. Por eso ya no estaba viniendo a compartir con ustedes, porque ya no tengo tiempo, porque ahora soy padre y madre a la vez…

Su auditorio de amigos quedó muy conmovido, la cara de la mayoría empezaba a lucir como la del amigo en desgracia. Salvo uno de ellos; cuyo codo apoyaba cómodamente en el respaldo de la silla, y cuya cabeza ligeramente hacia atrás esbozaba una sonrisa que se abría hasta preguntar:

- Y que te gusta más? Ser mamá o ser papá?

Y desde el fondo depresivo de la tristeza solidaria, estalló un carcajada irreprimidamente general.

Después de ese sarcasmo, hablaron de muchos temas, pero a pesar de las nuevas conversaciones, cada uno internamente evaluaba la armonía existente en sus hogares. Y sin pensarlos dos veces, apagaron los temas de charla, se despidieron de los amigos y regresaron como pichoncitos a sus nidos. Sólo quedaron cuatro de ellos, con el pretexto de jugar un cachito antes de irse. Entretanto, el camarero ponía las mesas en su lugar.

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©Huáscar Vega