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Alalay Ficciones al azar - Tierra de Caracoles turno 11
Procura mofarse de si mismo el Joselito, haciendo alusión a un viejo chiste. |
Pero no puede anotarse nada. Tiene anotado pokar de mano y diez y seis a la cuadra. Con el tiro reciente, puede jugar a los trenes o a las balas. Decide dejar dos cuadras, es decir dos trenes. Pero antes de lanzar los dados, vuelve a hacer esa operación discreta de pellizcar bajo la mesa, para después acariciarse la nariz con los dedos índice y pulgar. Puesto que el padre y madre lo mira extrañamente, él cortésmente se explica
| - | La última vez que me divorcié (creo que tenía tu edad), estaba sufriendo muchísimo, y me sentía viejo en lugar de sentirme un hombre maduro. Empecé a salir con una y otra, y una de las chicas con la que salía me invitó un poquito. ¡Uh! para que me habrá invitado. La hice bolsa. Parecía un adolescente que tiraba por primera vez. A partir de ese momento no dejé ni las chicas ni a esto. A mi no me gustan otras cosas, me hacen daño, me ponen tonto. En cambio esto me hace mucho bien. No me pasa como a la mayoría que se les "baja" la hombría, al contrario, con esto, a mi edad, "la mía sube" y no quiere "bajarse" jamás. Y además, no me hace daño. ¿No me ves? Para tener sesenta estoy muy bien. ¿O vos que dices? ¿Quieres un poquito? |
Extiende la mano con algo dentro, como si esas acciones no estuviesen prohibidas. El minero hábilmente quiebra el momento incómodo levantando el vaso y diciendo: ¡Salud!. El Joselito entiende el mensaje y regresa su mano al vaso. Pero el padre y madre le responde
| - | Yo hice esas cosas de chango. Ahora ya no me interesan. Peor ahora que soy padre y madre a la vez. |
Y el minero refuerza
| - | Yo nunca la he probado, creo que no la necesito, no me ha hecho falta, no me interesan las cosas que sacan esas cosas de la gente, yo miro dentro la tierra, y saco lo que puedo palpar y vender. Sin embargo no me opongo a lo que haces, pero por favor, ten más cuidado |
Indica al Joselito. Mientras este agarra los dados y dice
| - | A nadie se obliga. En esta mesa somos libres. Tan libres como los dados, sólamente sujetos al azar |
Pero antes de que lance la jugada, otra vez el padre y madre sentencia...
- Que libertad ni que ocho cuartos, te apuesto que son ¡balas!
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Segunda vez que las sentencias del padre y madre son acertadas.
Tal parece que el azar esta borracho en estos momentos. Es como si el destino
hubiese trancado el juego.
- ¡Sobre tres valientes! Indica Joselito, mientras esperan que retorne del baño el pelón. |