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Alalay Ficciones al azar - Tierra de Caracoles turno 4 |
Pero cuando el pelón llegó, Joselito aún no había lanzado los dados. Joselito estaba contando sus aventuras. Que lo habían golpeado hace tres noches, que por eso tenía la nariz hinchada, también unos moretones en las piernas, en la espalda, y unos rasmillados en las manos. También había mencionado que ya hizo un montón de llamadas a sus contactos en las altas esferas, y que fue al forense, y que todo estaba arreglado, que los changuitos que le habían hecho eso tenían que pagarle su clínica y curaciones, y que sus médicos amigos lo remitirían a la clínica de otro amigo, y que en esa clínica, además de curarlo, le harían un poco de cirugía plástica y lo rejuvenecerían; y que facturarían esas labores como curaciones, para que paguen esos changuitos o sus papás. Y se moría de la risa, pero se notaba que en el fondo sentía rabia.
Este Joselito era un hombre que estaba camino a cumplir sesenta y un años. Era fuerte y resistente, pero dos muchachitos lo golpearon y maltrataron. Eso fue como si la realidad lo abofeteara y, le hiciera sentir que es un hombre mayor, ya próximo a recibir el bonosol para los ancianos. Le hizo sentir, que para él, se hace muy peligroso andar de tugurio en tugurio buscando la putita de turno. Sentir eso, es lo que más le molestaba.
Joselíto es dos veces divorciado, ya lleva veintidós años sin pareja formal, es un solterón convencido, es un soltero feliz. La gente lo quiere, los amigos lo respetan y aprecian, y todos lo siguen llamando Joselito, como si no hubiera envejecido.
Pero apenas vio llegar al pelón, se olvidó de sus aventuras y le dijo con energía y buen talante:
- No estamos solos, no estamos solos, ¿acaso estás solo peloncito? mirá esto, mirá esto.
Repetía al són de los dados crepitando en el hueco de sus manos. A Joselito no le gustaba jugar con cubilete, el jugaba con sólo las manos, el decía
- Para que salgan como tu quieres, tienes que tocarlas, sentirlas, son como las mujeres.
Y seguía batiendo las manos, hasta que de pronto, suavemente y como si pusiera un ramo de rosas, soltó la suerte sobre la mesa.
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Y él mismo anotó la jugada pues era el anotador. Y entre el chocar de los vasos y el ¡Salud! habitual, una nueva atmósfera se estaba creando, algo poco común estaba sucediendo. En sólo cuatro jugadas, ambos contendientes estaban carrera a la "Panza de oro", tres tiros de mano y una grande. Eso no sucede todas las noches. Incluso es posible que todos estén mal en amores, ¿pero que todos estén bien en el juego?, eso no es así, en los juegos siempre alguien gana. |